martes, 1 de enero de 2013

Teoría sobre el Apocalipsis

Ya ocurrió. No me refiero al apocalipsis del calendario Maya o al de Nostradamus (aunque hay que reconocer que este último se celebró de una forma legendaria, durante nada menos que dos años seguidos), tampoco me refiero a ninguna otra predicción de las varias que he vivido (me acuerdo de que nos habían dicho que el mundo se iba a acabar cuando iba en quinto... ese día uno de mis compañeros intentó besar a la chica que le gustaba). Es curioso las veces que he oído por ahí que se había anunciado el fin del mundo para tal o cual fecha, pero la teoría que yo tengo es que el mundo acabó... hace mucho, muchísimo tiempo.

Podríais preguntar por la base científica de esta postura. Os respondería "es inexistente, no creo en tal cosa como la ciencia". Y, aunque le doy cierto margen de amorosa confianza a los ocultismos varios y toda clase de magia mística, tampoco va por ahí el asunto. Es, como todas las verdades absolutas, una intuición. Esto quiere decir que es indemostrable, puede ser tan cierto como falso... pero puede ser cierto y, sobre mis intuiciones, he de decir que muchas han resultado ser verdad. En cuanto a mi teoría sobre el apocalipsis, es más bien como "ojalá fuera así, habría sido divertido". He ahí otro de los pilares de mí mismo: la diversión.

El apocalipsis, el fin de la civilización humana, ya fue. Sucedió hace mucho tiempo, al menos lo que para los estándares actuales podría considerarse mucho. Según lo que yo sé, pudo haber sido incluso ayer o hace una milésima de segundo, pero vamos a asumir que la Historia que conocemos no son falsos recuerdos y diremos que fue hace mucho tiempo. Es posible que, durante la Prehistoria, los humanos poseyeran una civilización absolutamente espectacular; quizá no técnicamente tan desarrollada como la nuestra, pero sin duda por una razón sólida: no les hacía falta. La humanidad se encaminaba a paso firme y seguro hacia un dominio sabio del planeta y todo iba fenomenal... Un día, un humano cobarde encontró un medio para someter a los demás humanos a su voluntad enferma y débil. Sucedió una catástrofe, ya que el humano cobarde se volvió tan poderoso que ningún otro humano se atrevía a hacerle frente. El humano cobarde acabó con el valor de sus congéneres, aplastando la energía de la humanidad y condenando la civilización a una involución ética. Y después... la Historia que conocemos o nos han contado.

Hubo civilizaciones antiguas, como los egipcios, de quienes se cuenta que intentaban alcanzar las estrellas, que seguramente intentaron recuperar el valor de la humanidad ancestral. El resultado fue que reinaron poderosas, despertando envidia y codicia de otros más débiles que ellos. En el caso de los egipcios, esto acabó con la invasión griega, la persa y todas las invasiones siguientes. El ritualismo que conectaba a estas civilizaciones antiguas con su humanidad fue vencido por la economía del dinero, que trajo con ella la locura. Fijémonos si no en los japoneses o los chinos, con un pasado tan milenario como el que más y actualmente enclaustrados en los socioclichés de una vida suicida que ha invadido por completo su cultura. Ése es el mundo actual, un universo postapocalíptico en el que la mecánica ha sustituido a la ética.