jueves, 7 de mayo de 2015

En busca de Cochón, volumen 1

Estos días son una horrible locura llena de estrés. Me imagino que es éste uno de los mecanismos que la civilización bienamada nuestra tiene para extirpar a sus buenas gentes la esencia de vida y volverlos marionetas encabronadas... pero en cualquier caso, no pienso rendirme. Se van a dar contra un muro de piedra.

He estado mirando historias antiguas que hacía cuando era pequeño y no me daba alcance el sistema. Es cierto, o puede serlo, que por aquel entonces mis papás me trataban como a un perrito, pero al menos era un perrito que hacía historias que te cagas y tenía ideas curiosas sobre absolutamente todo. Ahora uno es adúltero y es el sistema el que lo trata como a un perrito... pero el sistema es un abusón y he ahí la gran diferencia. De hecho no sólo es un abusón, sino un abusón kisamancio que usa tretas para disfrazarte el abuso; o sea, que están abusando de tí a tres niveles: subliminal, liminal y superliminal. ¿No va siendo horita ya de una rebelión como manda Ra? O como manda Odín, que también era un tipo muy viril.

En cualquier caso estábamos (nós, que somos tanto como vós y que juntos somos más que vós) hablando de las historias que hacía antes. En el otro blog tenía un par de entradas sobre esto, pero era una época tan auscura y llena de pedanterastia que no sé yo hasta qué punto te sirve leer aquéllo. Aunque todo vale con tal de no pensar en las odiosas a la par que inútiles tareas a las que te (y por "te" aquí quiero decir "me") obliga la suciedad (que es otra forma de decir sociedad). Las historias que antes hacía tienen esa cosa que complicadamente llamé yo "inocencia maestra" posteriormente... pero los nombres complicados hacen que se pierda el hilo esencial y auténtico de lo que una cosa es, así que a la mierda la jerga y sigamos.

Esas historias las hacía yo para mi gusto y maravilla, no tenían por qué tener sentido (o sea, lo que se puede entender comunmente como sentido usando la lógica, pero sentido sí que tenían) ni estar sujetas a las normas canónicas de lo que una historia es... y, por supuesto, el texto era opcional. Eso sí, cuando lo había, el texto no explicaba necesariamente las cosas que había en los dibujos, sino que completaba lo que tú podías ver. Por ejemplo, en una historia que se llamaba "O doutor Misterios ataca de novo", que en español quiere decir "El doctor Misterios ataca de nuevo", tú ves en el dibujo al doctor Misterios y dos monstruos suyos, y encima de ellos está acechando parece ser que el brujo Fantasma. Pues el texto de ese dibujo es "Pantasma chama a Pepe", que quiere decir "Fantasma llama a Pepe" (ésa era otra, los textos estaban muchas veces en presente porque la historia la estaba haciendo yo en el presente, es decir, que estaba sucediendo en ese momento... por eso nunca me llevé demasiado bien con esa moda de contarlo todo en pasado porque sí). Y esto enlaza mágicamente (ya que hablamos de brujos) con una filosofía que ideé hace poco, diría que el año pasado o a finales del anterior, según la cual un texto no dice toda la historia, sino que la imaginación del que lee tiene que rellenar los huecos basándose en aquellas cosas que mira.

Luego, actualmente se habla mucho, diría que demasiado, de dibujar realista y de representar siempre la realidad... pero eso es una suprema estupidez. Cuando miras un dibujo, tú sabes que es un dibujo. ¿Por qué no lo vas a hacer obviamente como un dibujo, entonces? Otra cosa es que pintes realista como entrenamiento, pero eso ya es cosa de cada uno. Puedes hacer cosas verdaderamente genuinas y eso los antiguos egipcios ya lo sabían; es decir, que su arte era representativo pero no realista. Es como aquel chaval del que se habla en el segundo libro del Quijote que pintaba un gallo y luego tenía que poner debajo "este es gallo" para que la gente lo supiera. ¿Por qué leches hay esa manía de coartar el arte de los artistas con tonterías idiotas en plan "esto no está proporcionado" o "la perspectiva de los pies es distinta que la de la cabeza", pasando por el conocido "¿qué carajo es esto?" tan rápido en las lenguas de los críticos cienciológicos? Es vierdad que tanto el arte como el estilo personal evolucionan, pero también es cierto que los velociraptors evolucionaron en codornices y no por ello la codorniz es mejor.

El asunto es que al final, después de tanta crítica idiota como alguien recibe, esa persona acaba por contruirse una filosofía elaboradísima que le haga de fortaleza con que defenderse de toda esa basura; pero esa filosofía no avanza nada en el arte de esa persona, solamente pone en forma de argumentos palpables y (en teoría) entendibles por los profanos lo que el artista ya sabe desde que tiene cinco años... Pero, de nuevo, ¿qué sucede? Que un artista de cinco años no tiene la inteligencia lógico-analítica de un crítico literario de 60 y por eso en el proceso muchas cosas se pierden. O sea, que al final la laboriosa elaboración filosófica acaba por degradar el saber inicial... pues vaya una porquería.