viernes, 18 de octubre de 2013

Nunca he salido de Brzezinka

Es un hecho que aquí me ahogo cual besugo en el desierto. Pero no vamos a hablar de quejicosas depresiones... hoy.

Hace poco he vuelto de la segunda sesión a la que asisto en Brzezinka con mis colegas participantes y miembros de Regula. En un principio pensé que quizá no hubiera sido buena idea: en casa estaba asfixiado, apenas era capaz de escribir y necesitaba dormir mucho... me imaginaba el efecto que otra sesión de trabajo tendría sobre mí y no estaba seguro de que mis frágiles emociones no se fueran a resentir. Además, la necesidad de soledad era tan grande y tal la dependencia de otras personas que me libran de ciertas preocupaciones mundanales, que no las tenía todas conmigo. Aún así, si una vez pude, otra también tenía que poder...

Nada más salir y notarme libre de mi entorno, todo empezó a moverse de nuevo en mi interior. En Bérgamo me entendía con la gente mejor de lo que me entiendo con mi familia. El día que llegué a Wroclaw me pareció que regresaba a casa. Y luego, cuando llegué de nuevo a la casa para empezar la nueva sesión me di cuenta de algo: nunca había salido de Brzezinka.

Se supone que el hogar es ese sitio en el espacio en que uno se siente libre, sin preocupaciones que lo turben, confiado, teniendo dominio sin necesidad de poseer, un lugar donde al fin te puedes desprender de todas y cada una de tus máscaras sociales; es decir, el lugar perfecto para desarrollar verdaderamente el universo, la filosofía y la técnica artística personal intransferible. Así es Brzezinka para mí. No Sada ni Coruña, nunca Sada ni Coruña y difícilmente España, un país de idiotas y ladrones.

Ahora lo que me pregunto es cómo construir mi Brzezinka fuera de mi entorno. Escapar de aquí para siempre, donde mi imaginación y mis historias son inevitablemente frustradas por el cemento de la nueva burguesía, y volver a un microcosmos autosostenible en que mi técnica y mi ética crezcan vivas cada segundo. Querría tener una compañía, una editorial, seguramente ambas cosas a la vez, aunque de una forma extraña... pero yo solo me siento dando cabezazos contra un cristal, así que no sé qué hacer más que esas ocasionales escapadas que en realidad son una vuelta a casa.